Aunque el estrato más pobre presenta se achicó, crece la base no vulnerable, los patrones de consumo exponen una distancia extrema entre los hogares de mayores ingresos y quienes no logran sostener su poder adquisitivo.

Un informe sobre la estructura social argentina mostró un leve alivio en los sectores más postergados, aunque volvió a dejar en evidencia la profunda desigualdad en los hábitos de consumo.

Entre la élite y los hogares que viven bajo la llamada "cultura del no", que apunta a esa cotidianeidad marcada por la falta de recursos, persiste una distancia cada vez más marcada.

En este sentido, entre el segundo y el tercer trimestre del año se registró un cambio relevante: el segmento identificado como "Clase baja, en pobreza", hogares con ingresos inferiores a $1,18 millones mensuales, se redujo del 26% al 24% de la población. En simultáneo, se expandió la "Clase baja superior, no pobre", que pasó del 24% al 28%.