De los Evangelios al Barroco, la epifanía inspiró siglos de arte, ciencia y poder, desde mosaicos bizantinos hasta Molina Campos y el Renacimiento ya

Cada 6 de enero, la tradición cristiana conmemora la Epifanía el momento en que —según los Evangelios— unos sabios venidos de Oriente reconocieron en un niño recién nacido al rey de los judíos. La escena, aparentemente sencilla, se convirtió a lo largo de los siglos en uno de los episodios más fecundos de la historia del arte occidental.
Epifanía proviene del griego, utilizado en la Antigüedad para nombrar la aparición de una divinidad o la entrada solemne de un soberano, entendida como una revelación de su poder. El cristianismo retomó esa noción para designar el momento en que Cristo se muestra al mundo, no ya de manera abstracta, sino encarnado en la historia.
El relato fundacional: el Evangelio y sus silencios
La única fuente canónica que menciona a los Reyes Magos es el Evangelio según San Mateo (Mt 2, 1-12). El texto es parco en detalles: no habla de reyes, no especifica cuántos eran, ni menciona sus nombres. Se limita a describir a unos magoi —sabios o astrólogos— que llegan desde Oriente guiados por una estrella, portando oro, incienso y mirra, y que rinden homenaje al niño Jesús en Belén.
Ese silencio narrativo fue, paradójicamente, el motor de una riquísima expansión simbólica. A partir de los primeros siglos del cristianismo, la tradición oral y textos apócrifos comenzaron a completar la escena: los magos se convirtieron en reyes, pasaron a ser tres (en correspondencia con los regalos), adquirieron nombres —Melchor, Gaspar y Baltasar— y encarnaron progresivamente a los tres continentes conocidos (Europa, Asia y África)
La estrella de Belén y la hipótesis del cometa
Uno de los elementos más fascinantes del relato es el astro que guía a los magos. Desde la Antigüedad hasta hoy, teólogos, astrónomos e historiadores intentaron descifrar su naturaleza. ¿Fue un milagro sobrenatural o un fenómeno astronómico concreto? Entre las teorías más difundidas figura la del cometa, especialmente el cometa Halley, visible en el año 12 a. C. Johannes Kepler, en el siglo XVII, fue uno de los primeros científicos en intentar una explicación astronómica sistemática del fenómeno.
El arte no permaneció ajeno a estas especulaciones. En muchas representaciones medievales, la estrella aparece como un símbolo abstracto; sin embargo, a partir del Renacimiento, comienza a adquirir formas cada vez más naturalistas, hasta convertirse explícitamente en un cometa con cola luminosa, como ocurre en una de las obras más célebres sobre el tema.
De los mosaicos bizantinos al esplendor medieval
Las primeras imágenes conservadas de la Epifanía se encuentran en los mosaicos paleocristianos y bizantinos, como los de la basílica de Sant’Apollinare Nuovo, en Rávena (siglo VI). Allí, los magos avanzan con paso rítmico, vestidos a la oriental, casi idénticos entre sí, subrayando su condición simbólica más que individual.
Durante la Edad Media, la escena se convirtió en una de las favoritas de los manuscritos iluminados y los retablos góticos. La adoración de los Reyes permitía a los artistas desplegar riqueza cromática, exotismo y fastuosidad, en contraste con la humildad del pesebre. La pintura medieval entendió la Epifanía como la manifestación pública de Cristo al mundo, un acto de revelación universal.
El Renacimiento: ciencia, poder y pintura
Con el Renacimiento, la llegada de los Reyes Magos se transforma en un verdadero laboratorio artístico. La escena permite explorar la perspectiva, el paisaje, la anatomía y el retrato. Además, se convierte en una ocasión para insertar figuras contemporáneas —príncipes, banqueros, mecenas— dentro del relato sagrado.
Un ejemplo paradigmático es la “Adoración de los Magos” de Sandro Botticelli (1475), donde varios miembros de la familia Medici aparecen retratados como parte del séquito real. La pintura religiosa se vuelve así un discurso político y social, donde el poder terrenal se asocia al reconocimiento del poder divino.
Leonardo da Vinci, por su parte, dejó inconclusa su monumental versión del tema, pero incluso en estado de boceto la obra revela una complejidad psicológica y compositiva inédita, con gestos, miradas cruzadas y un movimiento casi turbulento.
Giotto y el cometa
Una mención especial merece Giotto di Bondone, quien en los frescos de la Capilla Scrovegni (Padua, ca. 1305) pintó la estrella de Belén como un cometa claramente identificable, probablemente inspirado por la aparición reciente del cometa Halley en 1301. Esta decisión marcó un punto de inflexión: por primera vez, un fenómeno astronómico observable ingresaba de manera explícita en la iconografía cristiana.
El Barroco: teatralidad y emoción
En el Barroco, la Epifanía se cargó de dramatismo. Artistas como Rubens, Velázquez o Zurbarán pusieron el acento en el contraste entre luces y sombras, en la emoción del encuentro y en la humanidad de los personajes. Los reyes ya no son figuras hieráticas, sino hombres con rasgos individualizados, cargados de emoción, asombro o devoción. La presencia del rey africano —Baltasar— adquiere mayor protagonismo, reflejando tanto la expansión colonial europea como una nueva conciencia de la diversidad del mundo.
Un motivo inagotable que también abordó Molina Campos
A lo largo de los siglos, la llegada de los Reyes Magos fue reinterpretada una y otra vez. En el arte moderno y contemporáneo, el tema perdió centralidad religiosa, pero no desapareció: reaparece como símbolo de viaje, de búsqueda, de encuentro entre culturas. En nuestra pintura nuevamente Florencio Molina Campos, de quien exaltamos el sano humor en nuestra nota anterior, es quien trae una referencia directa al tema: En 1927 año de su primera muestra en la Rambla de Mar del Plata, en la galería Witcomb pintó “Ño Melchor, Gaspare y Val-Thas-Ar” sus tres Reyes Magos vistos no como magos de oriente sino como un paisano, un barrendero y un boxeador. Quinquela quien vio aquella muestra escribió entonces: “su grotesco tiene el poder de arrancar la risa. Eso es mucho en un artista”
Más allá de la fe, la llegada de los Reyes sigue siendo una de las escenas donde el arte occidental narró su propia historia: la relación entre ciencia y religión, entre poder y espiritualidad, entre tradición y observación del mundo.
¡Sea la llegada de los Reyes, para todos nosotros, augurio de felicidad para el año recién comenzado!
