Investigadores españoles realizaron el descubrimiento de que es posible que decenas de plantas convivan en un solo palmo de tierra.

Un estudio del Instituto de Investigación en Cambio Global de la Universidad Rey Juan Carlos (IICG-URJC) reveló un descubrimiento sorprendente: cómo es posible que decenas de plantas diferentes puedan convivir en un solo palmo de tierra. El análisis se basó en el comportamiento de distintas comunidades vegetales.
La investigación, basada en el seguimiento detallado de más de 45.000 pequeñas plantas y publicada en la revista New Phytologist, descarta la visión tradicional de que las comunidades vegetales son estáticas, es decir, que permanecen prácticamente inalteradas con el paso del tiempo.
Con este trabajo, el IICG-URJC ha demostrado que el clima, la edad de la planta y la integridad del suelo cambian constantemente las reglas del juego. Para llevar a cabo el estudio el equipo midió rasgos clave de las plantas como el tamaño de sus semillas o el grosor de sus hojas, y comparó cómo se distribuían sobre el terreno durante dos años con climas opuestos: uno seco y otro lluvioso.
El descubrimiento en las plantas
Los resultados revelaron que las plantas con características similares tienden a agruparse en los mismos vecindarios porque comparten afinidades por el terreno. Sin embargo, el clima altera por completo el mapa: cuando llega un año lluvioso, el efecto se intensifica.
Esto se debe a que, al disponer de más agua, obliga a las plantas con estrategias similares a concentrarse juntas en los puntos más favorables. Este descubrimiento demuestra que el clima refleja quién se lleva bien con quién.
El estudio descubrió que las plantas son muchísimo más sensibles a sus diferencias biológicas cuando son plántulas pequeñas que cuando son adultas. En sus primeras semanas de vida, un mínimo cambio en el grosor de la hoja decide qué especies pueden crecer juntas.
Además, los investigadores se fijaron en la costra biológica del suelo, que es la fina capa de líquenes, microorganismos y musgos que lo recubre y protege en zonas áridas. Al romper esa costra con un mazo, el ecosistema se desestructuró. Sin esa protección las plantas perdieron su capacidad de predecir cómo iban a organizarse en el espacio.
Reglas de la naturaleza
"Se pensaba que las reglas de la naturaleza eran mucho más rígidas, pero es fascinante ver que la convivencia vegetal es más bien una negociación constante. Aquí no sobrevive simplemente el más fuerte, sino el que mejor sabe leer las condiciones de su vecindario en cada momento", destaca Ezequiel Antorán, investigador del IICG-URJC y coautor del estudio.
El hallazgo tiene implicaciones importantes que van mucho más allá de esta investigación. Los investigadores señalan que, para proteger los ecosistemas ante el cambio climático, no basta con saber qué características tiene una planta.
"Necesitamos saber cuándo y dónde actúan", subrayan. Este trabajo ha sido desarrollado íntegramente por un equipo de investigadores del IICG-URJC, formado por Ezequiel Antorán, Joaquín Calatayud, Ana L. Peralta, Adrián Escudero, Ana M. Sánchez, Aránzazu L. Luzuriaga y Marcelino de la Cruz.
