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Refirió sobre las realidades cotidianas Rubén Martí, del Colegio Padre Ramón de la Quintana, quién analizó las causas de las conductas autodestructivas en estudiantes. Apuntó contra el individualismo adulto y los vacíos en el hogar. -eldiariodecatamarca.com.ar- La Isla FM

La mañana de este jueves, el representante legal del Colegio Privado Padre Ramón de la Quintana, Rubén Martí, brindó una entrevista al periodista José Alsina Alcobért para el programa "La mañana en La Isla" (FM 107.9), en la que se abordó la creciente problemática de salud mental que atraviesan los jóvenes y las consecuencias que acarrean las nuevas configuraciones del hogar, particularmente las familias ensambladas.

Una estadística oficial fue el puntapié para el diálogo: en Argentina, el suicidio es la principal causa de muerte en menores de 35 años, con un promedio de cinco casos diarios. Frente a este panorama desolador, Martí sacó el foco de los adolescentes para interpelar directamente a los mayores.

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“La persona que se suicida tiene un problema serio de no poder dar respuestas existenciales a su vida, de no tener proyectos, no tener futuro, no tener esperanza. Y eso tiene que ver con qué es lo que el mundo adulto está haciendo por los jóvenes”, afirmó Martí. Debe considerarse cierta postura por parte de los adultos quienes, muchas veces, minimizan esta problemática a través de expresiones como “ya se le va a pasar” o “está así porque lo dejó la novia”, sin profundizar en las causas reales de ciertas conductas autodestructivas. Según el apoderado legal, los adultos han caído en un “individualismo feroz”, un concepto que el periodista reforzó al señalar que, en la actualidad, los progenitores “están más preocupados en constituirse como pareja que en constituirse como familia”.

El impacto de las nuevas configuraciones familiares

De hecho, se puede inferir que uno de los motivos del malestar juvenil se encuentra en las nuevas estructuras familiares que dejan a los chicos sin ningún tipo de refugio emocional. El concepto de hogar tradicional mutó hacia familias “ensambladas” y “súperensambladas”, en las que la convivencia forzada con hermanastros o nuevas parejas de los progenitores ocasionalmente termina “expulsando” a los menores.

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“Como cultura hemos disuelto la constitución y el valor de la familia, donde se expresa el amor, la convivencia, el aprendizaje social, la solidaridad, el respeto a la autoridad. Y si desaparece eso, queda el ser humano a la intemperie”, reflexionó el educador.

El directivo describió, además,  situaciones de vulnerabilidad con las que lidian a diario los docentes: alumnos de apenas 15 años a los que su propia madre biológica les pide que se vayan a vivir con la abuela porque no se llevan bien con su nueva pareja.

“Ese chico va a la escuela y dice: 'no tengo dónde ir, no puedo ir a la casa de mi madre ni a la de mi abuela', quien muchas veces tiene problemas de salud. Es una foto real”, advirtió Martí con dureza, para luego expresar una de las definiciones más contundentes de la mañana: “La familia se ha ido constituyendo en un espacio de soledad absoluta. Y no es porque falte gente alrededor, sino porque no hay interés, no hay verdadero interés, y los chicos lo saben”.

Consumos problemáticos frente al vacío del hogar

En la actualidad, resulta innegable el daño que provocan la ludopatía infantil y la sobreexposición a las redes sociales. Para el representante legal, estos consumos problemáticos avanzan a paso firme sobre el terreno fértil que dejan los vacíos emocionales en el hogar. Los adolescentes intentan sobrevivir a un contexto donde están “bombardeados permanentemente para vicios: el teléfono, chicos de 12 o 13 años sexualizados, el tema de la adicción al juego y otros conocimientos que no están de acuerdo con la edad”.

Sin embargo, para el educador, la raíz de este descontrol excede a las pantallas y se ancla en un deterioro cultural que lleva décadas horadando a la sociedad argentina, aniquilando el rol de la educación como motor de ascenso social y eliminando cualquier noción de límite.

“Llevamos más de 20 años en una cultura donde todos son derechos, sin ninguna obligación. La cultura del 'vale todo'. Es lo mismo hacer las cosas bien que hacer las cosas mal”, lo que evidencia un relativismo preocupante. Para Martí, el desmantelamiento de los sistemas de corrección y sanción ha dejado a los jóvenes sin un marco normativo que los ordene. “En la vida normal, si uno pasa el semáforo en rojo, tiene una sanción. La escuela no va a dejar de tener rojo y verde por una cuestión de moda”, ilustró a modo de cierre, dejando en claro que las instituciones no pueden renunciar a los límites.

Finalmente, se acordó que existe un clamor urgente ante la gravedad de la situación. La crisis de valores, el ostracismo juvenil y las tragedias que hoy ocupan las crónicas policiales no son fenómenos aislados ni repentinos: son el síntoma ineludible de un mundo adulto que ha abdicado de su responsabilidad más instintiva y primitiva, que es cuidar y amar a su propia prole.