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Su calvario comenzó muchos antes del golpe militar y se extendió por 5 años, desmitificando que la provincia fuera una “isla” ajena a lo que estaba sucediendo en el país. –eldiariodecatamarca.com

    Lila Macedo; victima del terrorismo de Estado y de la última dictadura militar en la Argentina

En el marco por El Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, el periodista José Alsina Alcobert en el programa “La Mañana en La Isla” por La Isla FM 107.9, dialogó con Lila Macedo, quien fue una presa política, ella pertenecía por aquellos años a la militancia de la Juventud Peronista en la Rama de la Tendencia Peronista. Su edad rondaba los 19 años y era estudiante de Ciencias Económicas.

Lila, recuerda con mucha tristeza, el trágico atentado que terminó con la vida de su padre en el año 1973 y el inicio de la persecución política bajo la Triple A, dejando en claro que la provincia no fue una isla ajena a lo que estaba pasando en Argentina.

Macedo no solo fue testigo de la inestabilidad política de la época, sino también victima directa del terrorismo de Estado en plena democracia, porque aún no se había sucedido el golpe.

El atentado del Cerro Santiagueño uno de los puntos centrales del relato fue la caída del avión Piper el 7 de octubre de 1973. En la aeronave viajaba una comitiva oficial que encabezaban el padre de Lila, Luis Macedo que en ese entonces era Presidente provisional del Senado de Catamarca que junto al vicegobernador Sabatt y otros funcionarios se trasladaban en ese vuelo.

Lila fue tajante al desmentir las versiones oficiales de fallas mecánicas del avión: “No fue un avión que cayó por fallas mecánicas, estallo por una bomba” afirmó basándose en testimonios de lugareños y en la falta de investigación luego por parte de las autoridades de aquel entonces.

Macedo denuncio la existencia de servicios de inteligencia que operaban desde la misma Casa de Gobierno, señalando directamente al entonces ministro de gobierno, de apellido Toro. 

El relato también lo vinculo a su detención posterior, con su labor humanitaria tras los hechos de agosto de 1974.

La detención de Lila Macedo

“El 6 de noviembre del ’74, me detienen a mí. Yo iba muy temprano a mi trabajo en el Ministerio de Bienestar Social en la oficina de prensa y difusión, eran aproximadamente  las ocho de la mañana,  todavía estaba yo sola en mi oficina leyendo el diario, cuando se me presentan  tres personas de civil, se identifican y me dicen que era un operativo conjunto de Policía Federal, Policía Provincial y Ejército y me piden que me identifique y me dicen verbalmente que en virtud del estado de sitio y por orden del Poder Ejecutivo quedaba yo detenida, el decreto estaba firmado por María Estela Martínez de Perón, pero María Estela no podría saber quién era Lila, si no era por medio de las listas negras confeccionadas aquí por representantes locales, me trasladan entre dos filas formadas por personal del Ejercito y allí observo a un compañero mío de apellido Valverde que venía del bar y le grito ‘José avísale a mi familia!’. De allí me llevan a la Policía Federal, me tienen un rato hasta que me llevan a la oficina de quien creo era el jefe, de apellido Galmarini y de muy mala manera me empieza a hacer preguntas y saca un legajo con detalles míos. En el lugar había unos grandes ventanales y él se levantó para cerrarlos, como para que no entre ruido y allí aprovecho para sacarle el legajo y rápidamente pude observar fotos mías en distintos lugares y cuando él vuelve forcejeamos y le grité que eso era mío y cómo tenían eso, como la habían obtenido, a lo cual no me responde”, relata.

Seguidamente Macedo dio cuenta de su traslado de la sede de la Policía Federal hacia el edificio de “El Buen Pastor” y sobre su estadía en este lugar relató “allí estaban la monjas y presas comunes, había quienes cometieron crímenes, mecheras, y este lugar no se parecía a una cárcel, había largos pasillos, un comedor, lavadero, una cocina y estaba custodiada por una celadora de la policía”

¿Qué impacto tuvo toda esta situación en tu familia? 

“Imagínese que ya había fallecido mi padre y yo tenía una hermana menor de alrededor de 21 años, estaba muy enferma y la muerte de mi padre repercute muy mal en su salud e impacta mal en su cuerpito. Ella muere al mes y días de la muerte de mi padre, entonces mi mamá quedó desbastada y después vengo yo, y allí en la (Policía) Federal alguien me dice, Bueno no te hagas problema tu familia sola no va a quedar, tu padre ya no está, tu hermana ya no está, pero quedan un par de hermanos, como diciendo, sabemos muy bien quien sos”

¿Qué plazo de tiempo estuviste detenida en El Buen Pastor, te pudo visitar tu familia?

“Transcurrieron más o menos 2 años hasta que se produjo el golpe militar, los primeros días mi madre no me podía ver, porque no tenía fuerzas para verme, estaba destruida, pero mira la conciencia de mi madre, porque estaba muy actualizada, ella sabía que todas esas cosas pasaban. Entonces, sí, yo tenía visita, una visita semanal y me podían ver, pero no cualquier persona, tenían que pedir autorización para ir a verme y sí iban a verme mis hermanos, cuando pudo fue mi madre y fue muy dramático cuando fue a verme porque estaba muy mal y me abrazaba me besaba y me levantaba la ropa y me decía mostrame ¿Dónde te pegaron? ¿Qué te hicieron? Mostrame”, me decía.

¿Te castigaban ahí adentro? 

“yo le mostraba las partes que le podía mostrar a mi mamá en la visita y le decía, no, mamá, quédese tranquila. No tengo marcas, no me torturaron, no me pegaron y ella me decía, yo te voy a sacar, yo voy a luchar, yo te voy a sacar”

Llegado el 24 de Marzo ¿Cómo estabas en ese momento?

Para el 24 de Marzo, yo estaba muy mal de salud, había bajado muchísimo de peso y no te miento cuando te digo que tenía 39 kilos, había estado internada en la Clínica del Valle, y llegó un momento muy particular en mi vida que es cuando nos trasladan hacia el aeropuerto “Felipe Varela”, allí escondido en medio de la maleza se encontraba un (avión) Hércules C130 de la Fuerza Área, y nos hacen formar filas, éramos una 7mujeres de aquí de Catamarca, nos esposan y nos vendan la cara y nos hicieron colocar en posición fetal, éramos alrededor de unas 40 personas dentro del avión, aunque creo que éramos más, porque había mujeres de Santiago del Estero, Salta, La Rioja y Jujuy y nunca nos dijeron a donde nos llevaban,  empezaron a maltratarnos arriba del avión o sea nos caminaban por arriba, nos soltaban perros por arriba, se reían a las carcajadas ironizando diciendo barbaridades y en una de esas cuando íbamos subiendo alguien me manoseó no sé si era hombre o mujer, porque te digo las mujeres me parece que en ese sentido son peores que los hombres cuando están frente a estas condiciones”.

“En ese momento, recuerdo, abrían las compuertas del Hércules, lo recuerdo porque era un ruido infernal y parecía que el aire te iba a chupar y nos decían que nos iban a tirar y en un momento dado, yo desesperada, gritaba que por favor me den agua y vino alguien y me llenó de agua la espalda pero nunca me dieron de tomar agua, y nos decían cosas  irreproducibles, y llegó un momento en que como el avión no era presurizado precisamente, uno de mis oídos con un golpe se reventó y yo sentía que me chorreaba algo y después me di cuenta de que era sangre, no te puedo decir cuánto tiempo, fue terrible. Luego llegamos a un lugar, yo calculo que ya debe haber sido de noche, porque estábamos vendadas y no podías ver nada. De allí nos subieron a unos vehículos celulares donde trasladan presos, y a mí me metieron con una chica que era tan hilacha y flaquita como yo. Nos metieron en ese en ese habitáculo chiquitito y nos llevaron, nos condujeron a otro lugar que tampoco sabíamos dónde era. siempre vendadas, nos bajaron a los empujones y hacían correr con las manos atrás y la cabeza gacha aún vendadas y nos llevaron a un lugar que después con el tiempo supimos que era la cárcel de Villa Devoto y nos hicieron poner contra la pared y la frente apoyada en la pared en zona oblicua, el cuerpo, las piernas abiertas. Y los brazos abiertos sobre la pared y cuando vos empezabas a juntar un poco las piernas, venían estas bestias y nos pegaban para que abriéramos las piernas y la que se caía la agarraban a patadas, no teníamos nada de energía sin haber tomado ni agua, ni nada, nos hacían correr. Hasta que llegamos a un lugar donde nos hacían pasar a una por una, como para hacer un tipo revisación médica entonces cuando a mí me toca entrar había una mesa ahí había tres (personas) de guardapolvo blanco que habrían sido médicos y después muchos del Ejército, deben haber sido del servicio penitenciario, hombres con armas dentro, hacían entrar a cada una. Me toca entrar a mí, me dicen que me desvista. Y bueno, uno tiene pudor, entonces agarro y le digo, no, me da vergüenza y me contesta uno ‘hdp…, ahora tenes vergüenza’ y me empiezan a tironear hasta sacarme la ropa”.

 ¿A dónde te llevaban? 

A otro lugar donde te sacaban una foto y te pintaban los dedos otra vez arriándonos como vacas, empujándonos nos concentraban a todos los del tercer cuerpo y así cuarto y quinto cuerpo en la cárcel de Villa Devoto, 

¿Por qué? 

Porque ya se hablaba que se venía el mundial de 1978, entonces, ellos querían justificar y armar un tipo cárcel vidriera, para mostrarnos al mundo de que no existían los campos de concentración, que no existían los desaparecidos, que no había exiliados, que no había muertos, que nosotros estábamos como en un hotel cinco estrellas, ese era el objetivo de concentrarnos en cárceles. A mí me tocó Devoto. Allí recién nos sacan las vendas, pero nunca nos dicen dónde estábamos. Entonces imagínate que después de todo el trajín este y la calle de la amargura que pasamos ¿Qué hicimos? cada uno se tiró arriba de un colchón como para descontracturarse, descansar, aliviarse un poquito de los dolores y de todo. Inmediatamente gritos y más gritos, acá no han venido a descansar todos de pie y como mi madre y mi familia no sabían dónde me habían llevado dónde iba a terminar, yo tenía las hermanas de mi padre que vivían en Buenos Aires, entonces mi madre habla con una de las hermanas que era de la legión de María y le pide que por favor a través de la legión de María de la iglesia traten de buscarme, a ver si estaba en algún lugar de Buenos Aires que se me pudiera identificar o qué suerte habría corrido yo. Y es así como despliega todos sus contactos de la legión de María y pasado varios días, viene una celadora y me dice, tiene asistencia espiritual. Entonces yo digo, ¿Qué es esto de asistencia espiritual? Porque estábamos en manos de ellos. Entonces me sacan y me llevan. Y me largan en un cuartito chiquito, allí donde estaba un cura vestido de sotana gris y me dice; ‘Yo vengo aquí porque soy de la Legión de María, por un pedido de su tía para identificarla y poder saber en qué lugar estaba detenida, yo ahora le llevo esta novedad a su tía y ella sabrá que hacer, por favor no cuente a nadie’, y es así como mi familia se entera. En el lapso que estuvimos en Devoto, vinieron diversos organismos internacionales como Amnisty International, La Cruz Roja y demás y nos entrevistaron días enteros y ellos (la Junta Militar) no podían evidenciar lo que nos hacían, para ellos no éramos presos políticos, éramos lo más granado de la subversión”

¿Qué fue lo más jodido que te tocó vivenciar?

Bueno fueron las celdas de castigo, o las requisas ya que cada tanto nos tocaban las requisas, no sé qué pretendían con las requisas porque no nos permitían hacer absolutamente nada con el fin de que nos carcomiera la cabeza”

El día de la liberación 

"No recuerdo bien la fecha, sé qué hacía frío y que era de madrugada, escucho mi nombre y que decían -traslado con efecto-, esto significaba que tenías que agarran tus cosas, tu colchón y salir con todo a cuestas por los pasillos y no sabias si te llevaban a otra celda o te iban a desaparecer, lo que teníamos por costumbre era gritar ‘Compañeros, compañeras, me llevan soy fulana de tal’ y me llevan y me dijeron que me iban a dar la libertad, primero no me lo creía y me subieron a un camión celular y me trasladaron a Coordinación Federal y allí me metieron en una celda que ellos llamaban Tubo y allí estaba yo sola en esa celda oscura y le mintieron a mi familia, diciendo que no me podían ver porque estaba sancionada, y sufrí muchas cosas allí, hasta que un día a la mañana, me llevan al mandamás que estaba ahí y ese tipo me dice que yo ya quedo en libertad y que  un agente me va a acompañar entonces yo le digo, pero bueno, pero deme algo que acredite que yo estoy libre porque a mí me detuvieron por decreto dame un decreto que diga que yo estoy libre no tengo documentos no me dan documentos no tengo plata ya había cambiado como tres veces la plata. Yo no la conocía. 

Mi apariencia física era de una presa. Yo entré con los pelos como yo los uso ahora carré y rubio. Y tenía el pelo hasta la cintura. Las puntas eran rubias y lo demás era negro. Mi color de la cara era amarillo verdoso porque no nos daba el sol. Entonces era obvio que sí que era una presa la que estaba saliendo. 
Entonces me acompaña un cana federal hasta la puerta. En la puerta nos trenzamos en discusión porque me decía ‘señorita usted ya está libre váyase’.. yo le decía no me voy a ir. Yo así no me quiero ir. No tengo nada que diga que yo estoy libre. No tengo mi documento, no tengo plata. Yo llego a la esquina y me hacen desaparecer y soy una NN, soy una desaparecida más. Yo de acá no me muevo, insistía, y por la vereda del frente de Coordinación Federal, se paseaban dos jóvenes muy bien puestos, de civil, de traje, muy buen mozos, y ven esta situación con el policía que me sacaba entonces se acercan y dicen ¿Qué pasa?, el policía les responde ‘la señorita ya está en libertad pero no se quiere ir’.. yo me dirijo a ellos y les digo, ¿Cómo me voy a ir? Con esta pinta de presa. No tengo nada que acredite mi libertad. Y repito, no tengo documentos, no tengo plata a donde me voy a ir. Ustedes me hacen desaparecer. Acá hago dos pasos y me hacen desaparecer. Y bueno, los tipos reaccionan y fue, un milagro, el universo, la providencia, no sé qué pasó y me agarran los dos y me dicen, vení con nosotros acá a la esquina, hay un bar. Yo me la jugué, perdido por perdido me la jugué. Me voy con los tipos, con todo el temor del mundo, entramos. Un barcito chiquitito y me dicen ¿Vos tenés familia acá? Sí ¿Te acordás el número? y le piden al tipo del bar, que ya lo deberían recontra conocer el teléfono de esos teléfonos de línea y me piden el número, entonces ellos marcan el número cuando del otro lado me pasa el teléfono a mí y me dice bueno, decile que te vengan a buscar porque vos estás en tal lugar. Y ellos me dicen el lugar, yo ya ni me acuerdo cómo eran las calles. Bueno. Y le digo a mi tía, tía, tía, estoy en libertad, estoy acá, me tienen en un barcito de la esquina, por favor, vengan a buscar urgente, urgente, vengan a buscarme, tengo miedo que me hagan desaparecer. Imaginate, mi tía debe haber salido a las chapas, que sé yo, con mi tío, no sé, y me hacen sentar estos tipos en una mesita. Me piden un café con leche y tortillas. Por supuesto, que me traen con leche, tortillas y un vaso con agua. Yo no quería probar el vaso con agua. No quería un trago de café con leche. Porque yo pensaba. Me van a drogar y me van hacer desaparecer, ya era la siesta y yo mi mirada fija detrás de los vidrios, ellos me hablaban, me hablaban y yo no les respondía. Lo único que me acuerdo, que me decía, ¿Dónde te vas a ir? ¿A dónde vas a seguir? Lo que ya has comenzado, la tarea.¿Dónde vas a seguir lo que ya has comenzado, te vas a ir del país, ¿Qué vas a hacer? Y yo no les respondía nada. No sé, no sé, los minutos me parecieron siglos hasta que la veo aparecer a mi tía que venía a las rengueada y mirá, no te puedo decir, pero como resorte me levanté le dio un empujón a la mesa, tiré todo lo que estaba ahí, salí corriendo sin volver la vista atrás, sin mirar los tipos, nada, nada, yo sé que la mesa cayó y yo salí, salí, salí corriendo, corriendo y me abracé a mi tía, íbamos rápido rápido, le decía yo y, no se dé vuelta y no se dé vuelta, yo tampoco y así llegamos hasta una playa ( de estacionamiento) donde estaba mi tío esperándome con el auto. Esa fue mi libertad.