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Domingo 29 Noviembre 2020

Cuentos para leer en familia – Entrega Nº 36
Hoy Octaviano Navarro

octaviano navarroeldiariodecatamarca.com

 

Octaviano Antonio José Navarro ,( 1826 –1884) fue un militar y político argentino, gobernador federal de la provincia de Catamarca.


Era hijo de Manuel Navarro, un federal moderado que gobernó Catamarca entre 1834 y 1835, y nuevamente después de 1846 - y de Javiera Herrera Gómez.


Octaviano fue bautizado en la iglesia matriz de Catamarca el 5 de mayo de 1826; fueron sus padrinos el Presbítero Juan Andrés Córdova y Antonia Montero.


Se enroló en el ejército provincial, en el que ascendió rápidamente por sus influencias políticas; fue también diputado provincial. En 1850 ya figuraba formando parte de un consejo de guerra constituido para juzgar a los participantes de una conspiración contra el gobierno de Catamarca.


En 1852, su padre delegó en su hijo el gobierno provincial, poco antes de su fallecimiento. Navarro integró la comisión ad-hoc para reformar la Constitución de 1853 que inició sus sesiones el 14 de septiembre del mismo año. El 4 de diciembre de 1854, el gobierno de la Confederación le otorgó despachos de Teniente Coronel con jerarquía en el Ejército Nacional. Navarro comandaba en su provincia el Batallón Cívico.
Primer gobierno


El 25 de mayo de 1856 fue elegido gobernador de Catamarca y el 26 de septiembre del mismo año fue ascendido a Coronel de Infantería, revistiendo en el Estado Mayor de la Plaza, sección Catamarca. Se dedicó a organizar las pobres finanzas de la provincia y a organizar la justicia sancionando la Legislatura, por iniciativa del gobernador Navarro y bajo el nombre de Reglamento de Justicia, el primer Código Procesal de Catamarca.


Organizó la hacienda pública auspiciando la sanción de leyes de impuesto, patentes y de sellos que no existían. El 7 de diciembre de 1856 decretó la primera nomenclatura de las calles de la Ciudad de Catamarca. Estableció el primer alumbrado público en la ciudad y favoreció el transporte hacia las demás provincias, construyendo caminos y fundando la primera empresa de mensajerías entre Catamarca y Córdoba.

Obtuvo que la empresa de Timoteo Gordillo hiciera correr cada quince días una galera, con un recorrido de cinco días y al precio de $ 30 el boleto de pasaje, partiendo el primer coche de Catamarca el 8 de agosto de 1858.


Embelleció la ciudad de Catamarca diseñando el paseo de La Alameda que hoy lleva su nombre. Creó la primera banda de música que daba series de conciertos a beneficio de obras piadosas. Creó un cuerpo de serenos para la vigilancia nocturna de la ciudad. Contrató la inmigración de estudiantes extranjeros idóneos en agricultura, arte e industrias.

casa octaviano navarro.


Fomentó la minería, creó la sociedad de beneficencia, y en su época se editó el primer diario, El Ambato, cuyo principal redactor fue Fray Mamerto Esquiú. El financiamiento de este primer diario -con la introducción de la imprenta en Catamarca por obra de Octaviano Navarro- lo realizaron los empresarios Mardoqueo y Samuel Molina.


Hizo construir el Hospital de la Concepción en el lugar donde por largos años funcionó luego el Hospital San Juan Bautista. Creó la plaza de agrimensor público y se sacaron de la ciudad los tres cementerios que existían.


Desde que ocupó el mando, Navarro se dedicó a reunir los fondos necesarios para la construcción de una casa de gobierno, que reemplazara al vetusto edificio colonial del Cabildo. Gracias a la actividad que desplegó, el 25 de mayo de 1859, día en que entregó el mando a su sucesor Samuel Molina, inauguró la actual sede del mando en Catamarca.


Previamente había sofocado la permanente rebelión del Coronel Balboa en Belén, asegurando así los límites de la Provincia e impidiendo el supuesto deseo de independencia de Belén respecto a la Confederación, para erigirse como estado autónomo. Dejó el cargo en mayo de 1859, siendo nombrado comandante de armas de la provincia. El presidente Santiago Derqui lo ascendió a general.


Dos días antes de terminar su mandato, el entonces Coronel Navarro escrituró el contrato para la construcción de la actual Catedral Basílica de Catamarca.


Anécdotas


Cuenta una singular anécdota del General Navarro que encontrándose en Santa Fe, con motivo de la reforma constitucional de 1860, caminaba con algunos amigos por una estrecha vereda de la ciudad. Domingo Faustino Sarmiento, lo hacía en sentido contrario con colaboradores suyos, se encontró con Navarro de frente. En esos momentos, las relaciones entre Navarro y Sarmiento eran muy malas. Ante tal circunstancia, Sarmiento se plantó en medio de la vereda e increpó a Navarro diciéndole, "yo no doy paso a las bestias", a lo que Navarro, bajándose a la calle, contestó: "yo sí". Y continuó caminando en el mismo sentido que llevaba.


Navarro era de estatura más bien baja, medía un metro con sesenta y ocho, grueso de tórax, ampuloso en su andar, autoritario y terco en el mando de sus tropas, plural y permeable en la función pública. Serio y adusto de semblante, decían que "no sabía reír". Cuentan que una vez, en La Estancia El Suncho de Aconquija, domando un potro cerril, al bajarse del animal tenía en la mano derecha un remiendo de su pantalón que se había arrancado a sí mismo en la bellaqueada, sin darse cuenta. Quedando con el pedazo de trapo en la mano lo vieron esbozar una mueca que parecía una sonrisa.


Era un gran aficionado a las riñas de gallo. Solía salir de su casa caminando por el centro de la Ciudad de Catamarca con los gallos bajo el brazo, rumbo al reñidero.


En el fragor de la Batalla del Manantial la banda de música que creó ejecutó la Marcha General Navarro según era tradición. La banda acompañó, por disposición de Navarro, el accionar de las tropas. Refulgían los valiosos instrumentos musicales ante la desazón de los jefes y tropas tucumanos. Con esta pompa y grandeza -casi única en su tiempo- terminó la refriega.


La misma banda solía dar todas las tardes una vuelta a la plaza central de Catamarca y, antes de la retreta, ejecutaba los sones de la marcha frente a la casa del General Navarro cuando este se encontraba en su domicilio. En una oportunidad venía la banda tocando la marcha desde la Alameda, hoy Paseo General Navarro, hacia la plaza 25 de mayo. Al llegar y frente a la misma casona del General acalló sus sones y los músicos, en marcial formación, guardaron en sus fundas los instrumentos. Ante esta actitud sale a los balcones de la casa la señora del General, Doña Waldina Cano de Navarro, y pregunta al jefe de la banda, capitán Indalecio Rivas el por qué de esta actitud, a lo que el capitán responde que se adeudaba a los músicos seis meses de sueldo. Al enterarse Doña Waldina de la irregular situación ordena a un criado:

"Francisco, anda y trae la chupa (bolsa de cuero para guardar dinero) del general". Regresando el criado con el encargo, la Señora repartió la paga a los músicos y la banda volvió a tocar.


F I N

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