Cuando la desidia y la poca imaginación se reúnen pueden dar como resultado algo parecido a la cuadragésima edición del Poncho.
Eran las 19 horas del viernes 16 de julio y restaban minutos para la inauguración de lo que se suponía iba a ser una edición de lujo de la denominada Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, pero parecía que restaban días para ese acto. Es que en el gigantesco Predio Ferial se veía como de costumbre, desolado y frio, solo un puñado de artesanos, no más de 12, habían armado sus stands, el resto no quería participar ya que habían viajado a Buenos Aires a una fiesta de artesanos de mayúsculas posibilidades de ubicar sus productos y por un precio de alquiler de stands que rondaba el 40% menos. Otros habían optado por directamente quedarse en su pueblo natal, ya que las posibilidades económicas no le permitían ni acceder a la capital. Mientras el resto, con la experiencia del año pasado, la fiesta se hizo en agosto, habían perdido tanto que la decepción los agobiaba.
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Ese día, el de la inauguración, dicen que el primer mandatario invitó al titular de Turismo de la Nación, Enrique Meyer, al Ministro de Producción y la primera dama catamarqueña a cortar la cinta, mientras lejos y atrás habían quedado la Secretaria de Turismo y la Directora de Cultura, como el resto de los funcionarios, aplaudiendo. Esa había sido una muestra del enojo de Brizuela del Moral, ante tanta parafernalia de gastos y tan pobre organización.
Con el correr de las horas y los días, lo que se presagiaba que iba a ser un desastre organizacional está a la vista.
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No existen playas de estacionamientos vigiladas y mucho menos en condiciones. El estacionamiento es a la vera de las avenidas de acceso, distantes, en el mejor de los casos a 400 metros de cualquiera de las entradas al Predio. Hay veces en que los vehículos son estacionados hasta un kilometro del complejo ferial. Pero lo más alarmante es el precio, $10. Por este motivo, cientos de turistas desistieron, como catamarqueños también, de asistir a la fiesta.
Los espectáculos y números contratados, salvo excepciones, el resto no es convocante. Se trata de una cartelera paupérrima. Muestra de ello es que hay noches en que el número de espectadores no superan las 100 almas.
Consumir en un rancho significa pagar hasta un 30% del valor que se cobra en los principales restaurant de la capital. No existe control.
Cerca muy cerca de los ranchos, los perros revuelven la basura en contenedores repletos, mientras la gente transita esquivándooslo.
La edición 2010 fue castigada por los motivos apuntados, como por el frio reinante en las primeras jornadas, que hizo repensar a catamarqueños y turistas de llegarse por el predio. Esto significó que hasta el momento solo hayan ingresado no más de 90 mil personas en 12 días, la mayoría de ellas da vuelta y no adquieren los productos que se exhiben, lo que representó para los expositores, rancheros y kiosqueros, pérdidas impensadas.
Es enorme la cantidad de artesanos que directamente no vinieron. Como apuntábamos antes, esto se nota en los salones, donde abundan vendedores de baratijas oriundos de otras provincias.
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Sumado a ello, comerciantes y empresarios de Catamarca se quejan por la preferencia de la directora de Cultura en contratar a foráneos, productos y servicios que se pueden adquirir y alquilar en mejores precios a catamarqueños, que tributan todo el año en esta provincia. Está el caso del alquiler de las pantallas de leds, que se dice fueron arrendadas a una empresa foránea, cuando una local había cotizado antes y a un precio sustancialmente inferior. Otro caso es el del sonido, contratado a una empresa mendocina, la que se dicen no trajo ni una ficha, ya que a la vez terciarizó el servicio en una local, cuando se podría haber contratado a la local directamente. Los banner plantados en el acceso al Predio fueron instalados tres días después de la inauguración. “Todo huele mal en el Poncho”, dicen varios artistas reunidos en un bar céntrico, los grandes (por los artistas nacionales) son contratados mediante el puente del esposo de una ex funcionaria de Cultura.
Esa es la postal del Poncho 2010. Seguramente habrá mucho más para escribir, pero sería mejor que antes, desde las más altas esferas del gobierno, se convoque a quienes tienen la verdadera responsabilidad, le pidan las explicaciones del caso y luego se les cuente a los catamarqueños el por qué de tanta desorganización, tal vez sea por lo apuntado en un principio, cuando se reúnen la desidia y la falta de imaginación dan este resultado. Aunque a un costo muy alto para el erario público, cerca de 5 millones de pesos de perdidas, mientras solo ganen quienes como el playero, que en un solo día -sin habilitación municipal- facturó 40 mil pesos, eso sí, con riesgo cero. ¿Habrá más ganadores como este señor dentro de la organización?
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