Lamentablemente, la cuadragésima edición del Poncho no será recordada por el brillo y la perfecta organización que se habrían imaginado quienes hace cuatro décadas iniciaban la Fiesta Nacional del Poncho en la denominada Manzana del Turismo. Este viernes se inauguró la desorganización, la improvisación y el mal gusto de una descolorida fiesta.
Debo reconocer que cuando hace un mes hablé por primera vez con la titular de Cultura, creí que estaba frente a alguien que tiene los nervios propios del funcionario nuevo, pero alguna duda que me proporcionaron sus palabras fueron confirmadas con el pasar de los días, estaba ante alguien que no conocía el rumbo de la función pública.
La cuadragésima edición de la denominada Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, será recordada por quienes tibiamente lleguen a la provincia como un festivalucho, con varios artistas, algunos de renombre, y en su visita a stands y salón comercial como algo en donde la improvisación opacó todo lo que, con mucho esfuerzo, artesanos de toda la provincia prepararon durante 12 meses para poderlo exhibir en lo que otrora fue la fiesta mayor, ya que desde el año pasado, en que se realizó una cuasi fiesta con un gasto de 4 millones, este año costará más, la Fiesta del Poncho pasó a ser un recuerdo, donde algunos funcionarios lucran mediante ofertas de amigos que terminan favorecidos.
Un malestar generalizado es el que se vivenció y se vivencia entre distintos expositores, ya sean organismos oficiales, empresas, comerciantes y artesanos. Es que recién este viernes se terminaron de armar los boxes para los stands, era la tarde de este mismo viernes y faltaban apenas un par de horas cuando se pudo contar con energía eléctrica, restaban minutos cuando se decidió postergar por una hora más la inauguración debido a la desorganización que reinaba en los salones destinados a exposiciones, ya que había gente pintando, armando sus stands y en la mayoría de los casos, los expositores estaban ausentes, ya que se retiraron cansados de esperar la habilitación y el armado de los boxes.
En realidad, el fracaso del Poncho era algo que no se presagiaba, sí más bien se avizoraba, ya que lo único organizado era la cartelera de los números nacionales, que fueron arreglados en su mayoría por un pariente directo de una ex funcionaria de Cultura.
En realidad, nadie sabía hasta este viernes, cuándo comenzaba y cuándo terminaría el festival, ya que hubo total ausencia de anuncios y publicidad del mismo. Solo una presentación realizada en Buenos Aires, que costó 300 mil pesos, aunque ninguno de los medios invitados publicó absolutamente nada con respecto a la fiesta.
Ha comenzado la cuadragésima Fiesta Nacional e Internacional del Poncho. Habría mucho para celebrar, aunque celebrar el fracaso no es de buen augurio.
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