El fiscal de estado José Marcos Denett se enchufó a la responsabilidad del cargo como nunca antes, al menos en las dos últimas décadas lo hicieron quienes ostentaron esa función prevista en el artículo 162º de la Constitución Provincial. Denett, incluso abrió el juego para quienes algo o mucho tenían que decir sobre la malversación, el peculado, etcétera, etcétera, de la que se sospecha y, en otros casos, se comprobó utilizaron como práctica algunos funcionarios del último gobierno del Frente Cívico.
Por caso, surgió la denuncia que este viernes se radicó en la Fiscalía de Delitos Especiales, a cargo de Roberto Mazzuco, basado a su vez en la denuncia efectuada por 57 beneficiarios de programa de empleos, los que habían sido otorgados por la gestión anterior. Los damnificados relatan cómo punteros políticos les solicitaban la entrega de diversas sumas de dinero porque eran los encargados de gestionar la aplicación y otorgamiento de los programas de Empleo y Capacitación. Sumado al inescrupuloso acto de quedarse con los magros “mangos”, todavía eran exigidos a prestar servicios domésticos y de otra índole en los domicilios particulares de estos “intermediarios”.
Según parece, hay punteros de distintos colores políticos, algunos de reconocida solvencia inmoral, de estrechos vínculos con el Poder que comenzó a esfumarse el 13 de marzo pasado, quienes desde la función pública en los más altos cargos, se habían trepado imaginariamente a un podio, que creyeron sería de impunidad y, al parecer, hasta de inmunidad, la urnas y el tiempo no les dio la razón, como aquellos casos que los llevaron a cometer las barbaridades de endosar cheques que habían surgido de órdenes de pago firmadas por ellos mismos o créditos otorgados a amigos de parejas. Pero increíblemente, en medio del hallazgo de hechos delictivos de baja y alta estofa, apareció un Sir, que nada tiene que ver con el estoico Cid Campeador, en defensa del ex funcionario de Turismo, sospechado de tantas irregularidades, que en nada tiene que envidiarle a su antecesora, pero Sir concluye en reflexionar que lo mejor es denunciar al fiscal que cuida tan celosamente los intereses del Estado y lo hace a través de un ex fiscal, que risueñamente también participó de la fiesta de excusas, cuando Denett había obtenido el puntaje necesario para ser el Defensor del Pueblo en la Capital y con sus argumentos leguleyos, sumados a los de otros ediles, como Ávalos, se opusieron a que se controle a la administración del municipio capitalino bajo la administración de Guzmán y todo lo que hoy surge: enorme cantidad de cooperativas que manejaban suculentos montos dinerarios y obras ejecutadas en las órdenes de cobro, pero en la práctica inexistentes.
Pero volvamos al no llamativo estado de nervios que generan las investigaciones, denuncias ciudadanas y denuncias en estrados judiciales que plantea el fiscal Denett y su equipo de letrados, esos nervios escalofrían en las cavidades del duodeno de quienes participaron, como grabaron en algunos muros de la capital los mismos radicales: “fuimos parte del gobierno.. no de la fiesta”, y se hacen cargo de los grafittis nada más y nada menos que la Juventud de la Unión Cívica Radical, tal vez a modo de advertencia a las viejas prácticas de envilecer la política y después defender las peores de las prácticas, la de darle la espalda a las ideologías y la gente que confió en los que se decían venían a cambiar todo. |